
UN CAMBIO DE TENDENCIA QUE IMPACTA EN LA ARGENTINA
En agosto pasado China logró desplazar a Alemania, bien llamada la locomotora de Europa, como primer exportador mundial. El gigante asiático exportó ese mes US$ 114.400 millones, más que cualquier otro país en el mundo, según datos de
Aunque es la primera vez que alcanza el mayor puesto en el ranking de ventas al exterior, este año China tuvo otros dos logros: a principios de 2006 desplazó a EE.UU. del segundo puesto y en agosto dio un paso más ubicándose en el primer puesto. Todo indica que, a partir de ahora, esa jefatura al mérito productivo, comercial y operativo seguirá en sus manos.
Apenas un año atrás, las colocaciones externas chinas sumaban US$ 72.000 millones. Significa que en 12 meses China multiplicó sus ventas en más del 50%. Un verdadero fenómeno.
Si se toman los ocho primeros meses de 2007, Alemania estuvo liderando la exportación global, con facturación por US$ 852.000 millones, pero todos los especialistas coinciden en que las cifras de agosto marcan un cambio fundamental de tendencia, una rotación definitiva.
Se estima que cuando se haga el balance de 2007 China crecerá un 11,5% este año y su comercio exterior continuará pujante, a un ritmo considerable porque ocupa el 20% del total mundial, a pesar de la devaluación del dólar. China es líder mundial en la mayoría de los productos industrializados.
Un factor clave para entender esta pronunciada aceleración es la productividad. Los artículos chinos siguen invadiendo mercados por sus bajos precios a lo que se suman mejoras en la calidad de presentación. Eso lleva a que muchas naciones pongan trabas a las importaciones del país asiático, como es el caso de
Aún
Es más. Los productos chinos explican, en gran parte, la baja inflación mundial, a pesar del fuerte incremento del valor de las materias primas. Porque si bien los commodities elevaron su precios, los manufacturados en China pudieron mantenerse estables y en baja por la aplicación rigurosa de las economías de escala y las mayores ganancias por productividad.
A pesar de la fuerte dependencia de recursos naturales y alimentos (suelen enfrentar históricamente serios problemas al respecto) el superávit comercial chino rondará este año los US$ 257.000 millones.
Podría decirse que el poder político en China está bien aceitado ( pese a la oposición que es reprimida sin cuartel), está prevista la sucesión del presidente Hu Jintao y se admite sin vueltas que la brecha entre ricos y pobres es demasiado grande, una injusticia que el monumental crecimiento económico no ha podido solucionar. El Partido Comunista pregona su lucha contra los males del país ( la corrupción en todos los niveles y las diferencias de ingresos entre las zonas urbanas y las rurales, con extrema pobreza) pero del dicho al hecho hay un largo trecho. El costo social no ha podido ser resuelto. Los desequilibrios regionales requerirán continuidad y un tiempo largo para encontrar un punto de armonía.
Analistas y economistas destacados advierten sobre las flaquezas de China. El francés Guy Sorman publicó un libro, tras una larga estadía en el país que tituló El Imperio de las mentiras, donde invalida los logros y señala las desventuras de la población. Lester Thurow, profesor universitario en los EE.UU. y autor de textos de éxitos considera que las estadísticas de generación de energía de China son magras, lo cual contradice que el crecimiento sea tal como el que se está admirando.
Opinión personal
Como he publicado anteriormente y he dado a conocer, se multiplican los intentos, tanto de EE.UU. como de Europa por detener la arremetida china. Lo llamativo es que ese avance no resultó dañado por la devaluación del dólar, en tanto la mercadería china ha penetrado con fuerza en Norteamérica. Por otro lado, la reevaluación del euro y de otras monedas importantes también favorece la entrada china en el viejo continente.
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